El cambio es una constante en las vidas de las personas, pero puede generar un malestar significativo, ya sea porque nos resistimos a llevarlo a cabo o porque nos sobreviene a nuestro pesar y nos cuesta gestionarlo.
Un cambio laboral puede vivirse con mucha angustia. Puede que estemos insatisfechos en nuestro trabajo y no nos atrevamos a buscar otro por miedo a que la situación empeore en lugar de mejorar. O puede que nos despidan y que dudemos de nuestra capacidad de encontrar empleo.
Las relaciones personales, tanto con familiares, amistades o parejas, pueden viciarse terriblemente y convertirse en auténticas prisiones. A veces evitamos tomar decisiones al respecto por miedo a las posibles repercusiones o bien sufrimos por la actuación de las otras personas y no nos ponemos en nuestro sitio frente a ellas.
La jubilación puede ser un momento crítico si no nos hemos preparado para su llegada renovando los propósitos de nuestra existencia.
En definitiva, siempre llega un momento en que hay que optar: o sigo siendo una oruga o me convierto en mariposa.
Pero la metamorfosis no resulta fácil. En eso puedo ayudarte.
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